lunes, 31 de marzo de 2008

Salgo de la casa, en la hora justa hay un atardecer precioso, desenredo un poquito el bolso y saco el durazno que llevaba preparado, me conecto a otro mundo ... apreto 'Reproducir' y ahí, volando me voy hacia la parada de transporte, unos hippientos me miran, ¿Qué me importa?. Pasa algún auto, yo sigo concentrada, muerdo una y otra vez el durazno, está poco maduro, al final alguno para y me embarco felíz, a mitad de camino, se sube un niño pequeño y su madre. Él me mira. Al parecer le asombra mi falta de atención al transito y ahí sigo, en el sol, mirándolo atentamente, cada una de sus señas y movimientos y sigue, adelanta a uno y otro, a otro y al de más adelante. Le digo al fin, - "Me deja en Pratt, por favor" -, se detiene, - "Ahora puede bajar señorita" -, dejo al niño y a su madre atrás, caminando, caminando, concentrada. Sigo pensando, tantas cosas, en cada letra, mirada y condición de mi alrededor. Al medio de la plaza hay poca gente y las gitanas ya se han ido, llego a la esquina, parapdea el verde, me apuro pero no demasiado. Toc toc, toc toc, suenan los pasos y ya nada me importa, me saco los audifonos. "Pasa". Se fue todo :)