domingo, 5 de agosto de 2007

¡Cuidado!

Marcos caminaba por el bosque, haciendo su rutina de mañana que consistía en recolectar leña y picarla para su humilde morada. Vivía solo y no le importaba, porque para él las mujeres eran algo imposible e intocable, por cosas extrañas de su pasado, probablemente una desilusión.

Picando la leña sintió ruidos extraños, como si alguien estuviera espiándolo, pero no hizo caso ya que en el lugar solitario donde él vivía, no andaba nadie.

El hombre trabajaba de guardabosques en un lugar lejano, que nadie conoce y no cabe mencionar, lo que era cierto es que su sueldo era menos que el mínimo, pero la tranquilidad que le daba el lugar, lo compensaba y no se podía quejar porque una vez al mes llegaba un hombre de aspecto aterrador a dejarle una caja para que sobreviviera durante algunas semanas.

Se volteó para ver quien andaba porque ya los ruidos se habían repetido con frecuencia, al observar a su espía quedó pasmado, una figura esbelta, un pelo largo con terminaciones onduladas que cubría la espalda, una cara muy fina adornada por delicada facciones que indudablemente la hacían perfecta. Ya casi había olvidado como era una mujer y le costó un par de miradas darse cuenta que era una de ellas.

La miró con cara de asombro, ya que le parecía una mujer preciosa, posiblemente la más preciosa que haya visto en su escasa vida, recordaba vagamente a su madre y a sus hermanas, pero imagen como tal no había visto jamás. ¡Tanto tiempo había pasado! Que se había olvidado un poco de cómo conquistar, tartamudeó unas palabras sin rima y volvió a mirarla embobado, le preguntó finalmente - ¿Cuál es tu nombre? – a lo que ella respondió con un tono de voz que entregaba paz – Soledad -. - ¡Dios mío! – dijo el guardabosques, no supo que decir y se presentó con un tono bruto, la mujer un tanto sonrojada lo miraba con timidez y no entendía muchas de sus enredadas palabras, ya que su conquistador le hablaba con una velocidad máxima y una jerga del lugar. Al fin Soledad captó alguna pregunta que podría responder, él con un nerviosismo notable enunció - ¿De dónde vienes? – la mujer con un tono más aliviado respondió – Del bosque -. Marcos la miró con cara de ironía y quiso ignorarla ya que pensaba que estaba loca, pero Soledad se paseaba celosamente a su alrededor. La verdad es que a la mujer, le daba un poco de terror su conquistador por su aspecto, tenía una larga barba que lo hacía ver mas viejo de lo que era y su panza se notaba con esos harapos que llevaba puestos, aunque le encantaba esa forma inexperta de intentar llegar a ella y su inexplicable forma de mirar, prefería irse.

Al fin Marcos reaccionó y la invitó a sentarse en un tronco cercano donde charlaron largamente, cosas irrelevantes.

De pronto, la mujer se quedó pasmada en el horizonte y corrió desesperadamente por los majestuosos árboles. El hombre pensó que era una persona completamente extraña pero que su belleza definitivamente lo había cautivado y que de todas formas, quería volver a verla y tener una oportunidad de portarse mas caballero que aquel día.

Siguió el día para Marcos y cuando llegó la noche tomó su sopa como de costumbre, en ese plato que ya estaba terminando su era, gastado por el tiempo.

Pensó en la loca experiencia que había tenido en la mañana y se dispuso a lavar el plato y la cuchara con que disfrutó de su escasa cena y agotado por su trabajo, se dejó caer en la cama y ahí, el sueño lo venció.

Despertó al otro día con un rayo de sol que pegaba en su sucio rostro y se armó de ganas para seguir con su rutina, normalmente a la gente le aburre repetir todos los días las mismas cosas pero a Marcos en cambio, le apasionaba su trabajo ,sobre todo por el contacto permanente que tenía con la naturaleza.

Picó la leña como de costumbre y la arrimó cerca de la chimenea, al salir de la casa se encontró de nuevo con Soledad, pero esta vez se asustó ya que no esperaba verla ahí, se embobó de nuevo con su belleza y la invitó a pasar a su casa, le sirvió un té un poco transparente y le sonrió. La mujer empezó la charla con un propósito claro, revelarle quien era ella de verdad, le aclaró que su alma no pertenecía a ese lugar y que no quería dejarlo, pero de donde ella provenía la unión con mortales, estaba penalizada gravemente. Marcos confundido por la situación se dejó llevar y ahí mismo comenzó a hundirse por un hoyo profundo, que no tenía salida y despertó con un pensamiento fugaz que incluso lo asustó, pero que le revelaría la verdad, pensó ¿¡Ella sería una ninfa!?. Entonces lo comprendió todo, su belleza cautivadora y su penetrante mirada, todo era un engaño y lo peor es que desde que tenía uso de razón su abuelo, padre, tíos y hermanos se lo habían advertido.

No podía ser, corría peligro, las ninfas tenían un poder peligroso, eran como las sirenas terrenales y ya había caído en las redes de ‘Soledad’, ya no podía escapar ni retroceder el pasado. Todo se consumió, inclusive su alma.

1 comentario:

Fran dijo...

Me gustan tus cuentos! =P Te linkié, ya te dije ^^