sábado, 26 de julio de 2008

"¿La mala suerte existe? ¿O será que simplemente recibimos castigos en consecuencia de nuestro actos? - Interesante proposición Steve - respondió el profesor - Comenzemos con la clase - prosiguió. Albert se quedó pensando, todo girando a su alrededor y el ahí inmerso en sus pensamientos con voces contradiciendo y la conciencia tratando de controlar todo, cada palabra en su interior lo quería conquistar pero el ahí quieto, sin nada, dejando todo. Se puso de pie - Dime Albert - interrogó el profesor, él tartamudeando - ¿Pue.. Puedo salir un momento? - el hombre de canas blancas se acercó con preocupación pues Albert era un niño tranquilo de ojos azules, profundos como el cielo con el pelo extremadamente corto. - ¿Estás bien? - El joven eligió salir mirando el piso con una ambición extraña en él. - ¿Será todo esto posible? - se preguntaba una y otra vez. Miró sus manos y las encontró un tanto moradas, quizás era por el frío que hacía esa mañana inesperada. Hace diez días se había dado cuenta de que debía ganar dinero extra porque estaba insatisfecho con todo, con el hogar que tenía, la madre, el padre, la novia, el perro e incluso el dormitorio. - Si trabajo 5 días me pagarán 7 pesetas por hora, eso serían..- Empujó la puerta del baño y entró distraído. Al subir la mirada se encontró con lo inesperado, lo que nadie se imaginaría, lo inevitable, estaba ahí una mujer desnuda con los brazos abiertos y sus pechos rebozantes lo llamaban con cierta insistencia. - Albert, te conozco quiero ser parte de ti - exclamó la extraña mujer, él la ignoró. Fue hacia el espejo y humedeció su pelo, quedando su camisa empapada, se resfregó los ojos porque creía todo haber sido un sueño, ella no estaba allí. Lanzó un grito espantoso al darse vuelta, ella estaba tendida allí, morada, sin calor, con los ojos abiertos y los brazos en las blancas baldosas. - Lo siento Albert, no sabes escuchar - le reprochó la voz del interior. - ¿Que ha pasado? - salió del baño sin ninguna preocupación. Miró sus manos una vez más y estaban secas, transparentes, sin vida, todo iba a comenzar por ahí.

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